dijous, 7 d’abril de 2016

Las Profecías: Cóldoraz

Mientras Galván, mago de la tierra, paseaba por la ladera de la montaña en una de sus inspecciones rutinarias, el tremendo susto que se llevó no le resultó fortuito: una de las rocas que sobresalía de la montaña, a su paso, se fragmentó. Por suerte le acompañaba su ayudante Osman que, al percatarse de la grieta, tiró del ensimismado mago evitando el desastre.
Este hecho ya le resultó bastante curioso pero, cuando al volver hacia Darkan, la capital, observó que incluso las piedras más pequeñas se fragmentaban a su paso, decidió consultar los antiguos manuales de magia. Mandó a Osman a casa mientras él se encerraba en la sala privada de la Biblioteca, aquella sala a la que solamente podían acceder los miembros del Consejo y el mago de Cóldoraz y que quizá por aquello, estaba llena de polvo y telarañas... Galván adecentó una parte de la lujosa mesa y una de las sillas, acercó unos cuantos pergaminos y comenzó a leer a la luz de la lámpara de aceite que alumbraba aquel lugar. Casi al anochecer, encontró un pergamino que le hizo acercarse a la lámpara y dejar su postura de lectura relajada para cambiarla a una posición tensa. Incluso le cambió el gesto, pues un rictus de preocupación apareció en su rostro.


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